Vamos con las partes principales de la visita al Palacio:

  • La Plaza: en la explanada de la Almudena o la plaza del Palacio Real es el corazón de la visita. Desde aquí se entra en sí al Palacio, al mirador, Real Armería o exposiciones de carácter temporal. Es un sitio que tanto por su tamaño como por lo bella que es impresiona.
  • La Real Armería: está en un lateral del palacio y la creó Felipe II, reuniendo armas que eran de su padre, el emperador Carlos V y de sus antepasados. Se considera que es una de las colecciones de armas de parada y torneo de más importancia del planeta.

El Palacio

En cuanto se entra en el Palacio Real de Madrid, podemos ver cómo aparece la espectacular escalera de Sabatini y la escultura de Carlos III como “César”. Además tenemos las pinturas de la bóveda, una forma de dar la bienvenida al palacio que muestra una grandeza digna de admiración.

En el palacio destacan en buena medida sus salones, donde podemos citar el de Alabarderos, Columnas, Carlos III, etc. Otras zonas destacables son las antecámaras y el comedor de gala, que hizo crear Alfonso XII en 1.870. Uno de los lugares que más suele visitarse es la sala de la corona, donde están símbolos como la corona o el centro real. Aún así, el salón más representativo del Palacio Real es el salón del trono, de grandeza simbólica, la cual representa la grandeza de la monarquía española.

El salón del trono (a fondo)

Esta zona es la única que no ha modificado su función en toda la historia del Palacio Real de Madrid. Podemos decir pues, que desde que Sachetti lo ideó en 1.737, cuenta con toda su decoración original y se terminó en 1.772.

Felipe Gazzola, un noble italiano fue el que recibió un encargo tan importante como el de realizar la selección para decorar este salón. La bóveda la diseñó Roberto Michel, y es la más bonita del Palacio, pues tiene un efecto esplendoroso de la pintura y escultura que lo rodea.

Destaca un gran fresco que es una de las últimas obras que realizó Giambattista Tiepolo, representando la grandeza y poder de la Monarquía Española. Aquí mismo puede verse el trono español que lo custodian Apolo y Minerva, además de una serie de representaciones de las Virtudes. En el lado opuesto, unos amorcillos son los que vuelan llevando la insignia de la Orden del Toisón de Oro.

La glorificación de la monarquía y del soberano reinante, es el tema protagonista de todo el conjunto.

Destaca la zona del zócalo, en la cual de una forma realista y variada, existen alegorías de varias regiones y posesiones españolas con sus características propias.

En cuanto al resto de decoración de esta estancia, se debe a Battista Natali, el encargado del diseño de bordados, traza de consolas y espejos, los cuales forman parejas y son todos diferentes aunque pertenezcan al mismo estilo.

Podemos destacar el terciopelo de la colgadura, que se tejió en Génova y que es de color rojo carmesí, bordado con hilos de plata sobredorada. Esta decoración es una de las más valiosas del rococó en nuestro país. al igual que en la Cámara de Gasparini, el tejido que tapiza las paredes tiene poco tiempo, sustituyendo al terciopelo original que estaba ya bastante deteriorado, aunque se han transferido a él los bordados que tenía en su origen.

En cuanto a las esculturas, una buena parte son de la colección rescatada en el incendio del Real Alcázar. La dinastía borbónica quiso ser la sucesora directa de la Casa de Austria.

Podemos destacar parte de las figuras realizadas en bronce de la serie llamada como “Los planetas” que hizo el Jacques Jonghelick, y las estatuas de las virtudes cardinales que realizó René Frémin.

Podemos destacadas además los relojes realizados por Ferdinand Berthoud, John Ellicott y los leones de bronce dorado al fuego obra de Matteo Bonarelli de Lucca, flanqueando el dosel con el trono real y las arañas que se encargan de iluminar la estancia. Gran exquisitez la que se respira en esta estancia y que es una de las mayores atracciones de la visita.

Mirador de los jardines (Campo del Moro)

Estos jardines son uno de los lugares más destacados. Las vistas desde el Palacio Real de Madrid no son muy especiales, pero desde fuera del Palacio si accedemos por la puerta principal de los jardines, todo cambia de una forma drástica. Es aconsejable entrar por aquí.